W.A. Mozart en Le Bonheur


Le Bonheur (La Felicidad) es un film de la cineasta Agnés Varda del año 1965. Que la música de Mozart sea íntegramente el material de esta banda sonora es un decisión que vemos atribuida a que hay una compatibilidad de carácteres entre los sectores iluminados del guión y los vaivenes clásico y clásico trágico de Mozart (que dicho sea de paso ejemplifica muy bien el sentir de la vida elitista y de afincadas rutinas de las gentes de bien, pero con las grietas propias de un alma y un ser que siente y transita. Coexisten elegantemente los modismos tímidos y cortesanos y los llantos resignados).
Las obras son el Quinteto para clarinete KV 581 y el Adagio y Fuga en Do menor. Es muy meritoria la reorquestación que hizo Jean-Michel Defaye para la banda sonora con sendas obras, con un arreglo para quinteto de maderas (¿o cuarteto? ¿algún oído más atento?). Las tensiones y el dramatismo del Adagio y Fuga son utilizados en los créditos iniciales y en algunos pasajes y luego hacia el desenlace final vuelve magistralmente la orquestación original para cuerdas (gran acierto compositivo, ya que el timbre de los vientos son siempre más amenos que la severidad y el quebranto de las cuerdas). Inmediatamente después de los créditos nos adentramos en las hermosas y sensuales ( y felices) cotidianeidades de la vida marital amorosa. Para esto la directora nos acopla la brisa cálida del quinteto para clarinete (repetimos: reorquestado con quinteto de maderas, para lograr un sonido más cálido y casero). El argumento de Varda se centra en una pareja de clase media que viven de su amor y sus hijitos, que trabajan en una maderera o cosiendo vestidos para las futuras novias, y que se escapan al campo a dormir siestas y hacer el amor. Todo muy idílico. La transversalidad y el movimiento de piezas empieza cuando el marido conoce a una mujer que le otorga aquello que se esposa no provee (ella es moderna, dueña de su sensualidad, en resumidas cuentas un alivio a la rutina). Y el planteo que aparece es este: por más bella y ordenada y fácil que sea nuestro cotidiano queremos aunar aquello que está lejano, orbitando en otros soles, la existencia no pareciera ser completa si no podemos transitar por los pasillos conocidos y tibios y aquellos ensombrecidos que prometen un calor extra. Y de nuevo volvemos al enorme Wolfgang ( y a la viveza de Agnes que decidió juntar ambas realidades) con sus insinuaciones constantes y delicadas y ese devenir agridulce que es la contradicción y el paralelismo de nuestro recorrer humano.

El adagio y fuga en Do menor, reorquestado por Defaye.

Segmento que ejemplifica el carácter liviano-dramático del film. Atención al cambio de escenario cuando el personaje pasa de estar con su amante a su esposa, en ese exacto instante el pasaje musical pasa del modo mayor al menor (aplausos)

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